Estoy plenamente convencido de que no he participado en un debate de más importancia que el que se viene desarrollando en el foro de la Facultad de Ingeniería, relacionado con el conflicto que vivimos en la Facultad derivado de la decisión de restituir exámenes finales y de reparación. Este tema es de tanta importancia que considero que debe participar en el mismo cualquier universitario. Lamentablemente no sé de la existencia de ningún foro propio de los estudiantes ulandinos. En ánimo de que el resto de los universitarios entiendan mejor lo planteado, anexo al final de este documento algunos comentarios que han alimentado esta discusión. Presento disculpas de antemano por lo largo de este texto.
Todo comenzó con una plausible iniciativa de un Profesor preocupado por el pobre rendimiento estudiantil observado en la Facultad y que fue secundada por una inmensa mayoría de nuestros profesores. Ellos solicitaban la restitución de exámenes finales y de reparación bajo la hipótesis de que la eliminación de los mismos había tenido un impacto negativo en el aprendizaje. Hasta ahora, sólo el suscrito se ha manifestado públicamente en contra de esta medida, a pesar de que conozco varios Profesores, algunos empleados y muchísimos estudiantes que la rechazan.
En este momento quiero precisar qué es lo que está de fondo relacionado con esta discusión para comprender la trascendencia del momento histórico y buscar sacar provecho de la coyuntura para avanzar. En mi criterio, los temas centrales a discutir son:
La Calidad yla Productividad en el Principal proceso desarrollado en nuestra institución, el de Enseñanza-Aprendizaje.La Autonomía de Cátedra y su sentido en la búsqueda de Calidad y Productividad.- Mejoramiento Continuo de
la Calidad a través de yla Investigación Educativala Supervisión. La Democracia plena y la posibilidad de que todo universitario pueda participar en las discusiones, sin imposición del autoritarismo academicista o de ningún tipo.
El lector notará que dentro de estos puntos no se mencionan los exámenes finales y de reparación, porque en definitiva este aspecto no es más que una variante evaluativa con implicaciones no del todo claras.
Calidad y Productividad en el Proceso Enseñanza-Aprendizaje.
He dicho que dentro de las Misiones Universitarias, la de mayor importancia es la Docencia. Puede que algunos lectores consideren que esto no es así, pero esa discusión corresponde a otro tema vinculado con el sentido de la institución universitaria y su integración e impacto en la sociedad.
Partiendo de la innegable importancia de este proceso, es necesario enfocarlo apropiadamente. El proceso Enseñanza-Aprendizaje difiere de los procesos de producción de productos y servicios en muchos sentidos. Sin embargo, dentro de los esquemas educativos masificados en los que necesariamente estamos involucrados, el cambio que vive cada individuo al pasar de la condición de bachiller a la condición de profesional está vinculado en esencia a su desempeño en cada una de las asignaturas que conforman el plan curricular de cada carrera. En este sentido, no hay mayor diferencia entre este proceso y los procesos productivos tradicionales. La calidad del profesional que formemos depende de tres factores fundamentales: la calidad del Estudiante en términos de su preparación, su talento, su motivación y su actitud para el aprendizaje y para el servicio a la sociedad; la calidad de los planes curriculares en términos de su pertinencia social, su coherencia sistémica y su profundidad temática; y la calidad de la actividad docente en cada aula de clases en términos que serán revisados en más detalle.
Creo firmemente en que el problema de la calidad es el problema fundamental que debe asumir cada organización, sea ésta de carácter empresarial o gubernamental. Así mismo, el problema universitario fundamental es el de la calidad y el más importante de ellos es el que estamos discutiendo. En este sentido, la institución tiene que avocarse a enfrentar el problema de calidad docente como un problema corporativo, dónde todos los actores, comenzando por las autoridades universitarias, le den un carácter prioritario.
Por otro lado, no se puede separar el concepto de calidad del de productividad. De poco nos sirve formar excelentes profesionales en diez años cuando la duración estipulada de la carrera es de cinco. Es difícil que el país comprenda que tengamos carreras con más Profesores que Estudiantes, que haya “Estudiantes Profesionales” convertidos en parásitos de la institución o que tengamos elevadísimos costos per capita en las universidades (al nivel de las más caras instituciones privadas del mundo). La productividad tiene que ser asumida como nuestra responsabilidad ante el pueblo que nos otorgó autonomía para que le sirviésemos de la mejor manera posible. No ser productivos es ser irresponsables.
Asociado a la Calidad y la Productividad está la Competitividad. En nuestro contexto, más que pensar en convertirnos en la mejor Universidad del mundo (¿Por qué no?), lo importante es convencernos de ser mejores que nosotros mismos cada día. Tenemos un compromiso social y el mismo debemos atenderlo cada vez mejor. Tenemos que brindar más oportunidades de estudio a quienes realmente quieren estudiar, tenemos que formar más y mejores profesionales, tenemos que dar cuenta ante el pueblo del uso eficiente de los recursos.
En este contexto quiero plantear mi desacuerdo con que se pierdan cuatro semanas por semestre en la realización de exámenes finales y de reparación. Si cada semestre tiene 18 semanas, estamos ocupando sólo 36 de las 52 semanas del año dedicados al proceso fundamental de la docencia. No creo necesario más vacaciones para nadie. Por el contrario, deberíamos tratar de ubicar mecanismos para tener la universidad más tiempo en plena operación y dar el mejor servicio a la sociedad. Ocho semanas dedicadas a esas evaluaciones son ocho semanas de escaso valor agregado en el aprendizaje. Los exámenes finales pueden ser parte del plan de evaluación de cada materia, sin representar tiempo adicional. Los exámenes de reparación representan un beneficio para un pequeño grupo de Estudiantes y un costo de diez semanas por quinquenio para la inmensa mayoría. Gastar cuatro semanas semestrales en finales y reparación es un desperdicio injustificado.
Autonomía de Cátedra.
Entendiendo Autonomía como la capacidad para gobernarse y no como el acto de hacerlo, se supone que cada cátedra o asignatura tendrá a su discreción la capacidad de definir políticas propias. Cada Profesor podrá definir cómo enfoca los aspectos didácticos de su curso, qué técnicas e instrumentos utilizar; qué estrategias de evaluación, qué ponderaciones adjudicar.
Al igual que con el concepto general de Autonomía Universitaria, la de Cátedra también puede prostituirse. Autonomía no es hacer lo que se nos venga en gana. La autonomía sólo puede derivarse de la madurez, la consciencia y la responsabilidad. La institución universitaria debería intervenir en los casos que se observa un uso viciado de la Autonomía. Piensen por ejemplo en un curso en el cual el Profesor no se presenta a clases durante el semestre y como única evaluación manda a hacer un informe sobre cierto tema. Los Estudiantes, por comodidad o por miedo, no denuncian la irregularidad y reciben calificaciones siempre superiores a los 17 puntos. Este individuo que funge como Profesor debería ser sancionado con todo rigor. Más que confiscarse su autonomía, debería destituirse del cargo.
Pero la institución también puede cometer abusos contra la Autonomía de Cátedra. Un ejemplo de esto lo representa la reciente decisión del CU de prohibir el uso del factor de corrección en las pruebas que realizan algunas Cátedras de Medicina. Estos Profesores establecen esta política bajo el criterio de que están haciendo un uso responsable de la autonomía que le corresponde. A las Cátedras no se les puede imponer criterios sin violar su autonomía. La institución está en plena potestad de discutir y criticar el proceder de la cátedra, exhortarlos a cambiar de criterios, pero jamás pueden imponer sin cometer abusos e intervenciones irresponsables.
Un caso similar ocurre con los exámenes finales y de reparación. Es perfectamente plausible que la institución recomiende a los Profesores que incorporen dentro de sus planes evaluativos pruebas que abarquen el total de los contenido de los cursos; o lo contrario, que exhorte a los Profesores a no hacer este tipo de evaluaciones y buscar esquemas de evaluación más continua. Lo que no debería admitirse es que se imponga algún criterio. Me llama mucho la atención que un buen número de Profesores hagan un llamado a institucionalizar los exámenes finales y estos exámenes no formen parte de sus planes de evaluación. Pareciese que los Profesores no tienen consciencia del alcance de la autonomía de cátedra. A todos los que creen en la importancia de incluir esos exámenes les hago un exhorto para que lo hagan, sin esperar vistos buenos de nadie y dentro de los lapsos que comprende el régimen semestral o anual.
La institución debe estar mucho más vigilante de lo que ocurre en los cursos con el fin de orientar a los Profesores para que tengamos un mejor desempeño. La intervención de la autonomía de cátedra sólo puede ser una medida excepcional acompañada de la apertura de expediente.
Mejoramiento Continuo de la Calidad a través de la Investigación Educativa y la Supervisión.
Como se mencionó anteriormente, los tres factores fundamentales a considerar en la consecución de mayores niveles de calidad en la docencia universitaria están asociadas a la calidad de los Estudiantes, la calidad de los Planes Curriculares y la Calidad de la actividad docente en el aula. De estos tres, quiero hacer énfasis en lo que tiene que ver con el papel de la institución en el aseguramiento y mejora de la calidad del trabajo de cada docente.
Propongo que establezcamos Círculos de Calidad Docente. En estos Círculos, muy al estilo que significó una transformación histórica de la sociedad japonesa, se conforman grupos de co-evaluación docente. Se trata de grupos autonómicos integrados por voluntarios docentes (Profesores, Preparadores, Becarios) que tienen como misión ayudarse mutuamente para ser mejores educadores y mejores equipos de trabajo. Para tener un mejor desempeño pueden recurrir al PAD, quien les puede facilitar medios para efectuar diagnósticos con micro-enseñanza y que podrá guiarlos de acuerdo a las necesidades detectadas por los Círculos. Los Círculos podrán definir sus propios modos de autoevaluación y monitorear la evolución de esos indicadores en el tiempo.
Los indicadores de los distintos Círculos podrían agregarse a distintos niveles. En todo caso, sea por agregación o no, es necesario establecer indicadores de desempeño de la actividad docente con el objeto de estar en la búsqueda permanente de la mejoría de calidad. En este sentido, es necesario institucionalizar la investigación educativa. Investigar el propio desempeño de la Universidad es el modo natural de entendernos y sentar las bases para formular las estrategias de crecimiento académico. Si bien es cierto que algunos investigadores han dirigido su esfuerzo a entender la Universidad , identificar sus problemas y sugerir soluciones, la investigación educativa se debe articular con el propósito de establecer programas de carácter permanente.
La Democracia Universitaria.
La lucha emprendida por distintos grupos estudiantiles en la Facultad de Ingeniería tiene similitudes con la lucha de Córdoba en el sentido de que ellos solicitan participar de manera pública y libre en la discusión que tiene que ver con un tema de gran importancia para el estudiantado. Para bien o para mal, la restitución de estos exámenes habrá de impactar a los Estudiantes y la participación de ellos en esta decisión es algo más que un derecho.
Con todo respeto,
Felipe Pachano Azuaje
07/06/09
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