martes, 8 de diciembre de 2009

LA PRÓXIMA GUERRA SÍ SERÁ NECESARIA


“1. Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico
2. Jehová es mi fortaleza y mi cántico, Y ha sido mi salvación.
3 Jehová es varón de guerra; Jehová es su nombre.
4 Echó en el mar los carros de Faraón y su ejército;
Y sus capitanes escogidos fueron hundidos en el Mar Rojo.” (Éxodo, 15)


Un día como hoy, 13 de abril, hace siete años el pueblo venezolano dio un “antigolpe” o le dio un golpe al golpe perpetrado dos días antes. Hoy en día, muchos calificamos al segundo de glorioso, mientras que renegamos de los métodos utilizados para perpetrar el primero. Claro está, si el primer golpe hubiese sido exitoso, muy posiblemente estaríamos lamentando los procedimientos criminales de aquellos que “dispararon contra un pueblo indefenso” y comprendiendo que “un vacío de poder” hizo que Carmona alcanzara la presidencia. Este “golpe de gracia” tuvo la característica de no mostrarse como un golpe militar. Esta estrategia no podría aceptarse, pues rompía con la imagen de defensores de la democracia de quienes perpetraron el plan. En aquel teatro, era necesaria la presencia de algunos muertos, y para eso también se tuvieron preparativos. Casi todo funcionó.

Hubo otro intento de golpe. Este sí fue un ataque tradicional militar, encabezado por el actual Presidente de la República. Para los opositores, “ladrón que roba a ladrón tiene mil años de perdón” y por lo tanto nada tiene de reprochable que se intente sacar a este golpista del poder. Se recrimina al sistema de justicia nacional por sentenciar a los policías golpistas y haber absuelto a los autores de aquella intentona. Se dice que no hay moral en los sectores revolucionarios para cuestionar las intenciones golpistas y que “el que a hierro mata, a hierro muere”. A modo de ejemplo, considérese la siguiente cita:

“Usted me reclama que la comparación entre los dos golpes no es adecuada pero todos los argumentos que utiliza se revierten dramáticamente contra el golpe de estado que usted defiende y el “otro” que no es defendible; si a ver vamos yo no defiendo ninguno porque creo que hacer uso de las armas de la nación para hacer carrera política y tomar el poder por una vía distinta a la constitucionalmente prevista es sedición, es traición y descalifica moralmente al que lo hace. En ese sentido, tan descalificado están unos como otros, yo no defiendo golpistas Profesor Pachano pero hasta los golpistas tienen derechos. Tan es así que los golpistas que usted defiende fueros (SIC) sobreseídos los cual los hace aún más inmorales pues ahora son jueces de lo que ayer eran culpables y mire como se comportan, que (SIC) lecciones de justicia nos dan, que blancas palomas impolutas se nos presentan…(SIC)”

Quien así se expresa, el Profesor Oscar Aguilera de la Universidad de Los Andes, olvida que los policías no fueron sentenciados por golpistas, sino por genocidas, y siguiendo el comportamiento típico de los opositores defiende a sus corruptos y sus asesinos. Pero el punto al cual quiero referirme en esta discusión es el del supuesto principio de que “golpe es golpe” y representa “traición a la patria.”

Veamos, un Golpe de Estado es una forma de Guerra que tiene como propósito alcanzar el control del aparato del Estado. En muchos casos, los golpes se dan de forma tan sorpresiva que dan pocas posibilidades de que los sectores que defienden al orden establecido puedan hacer resistencia. En otros casos, el golpe tiene una característica de contundente enfrentamiento bélico. Recordamos aquí el golpe contra el gobierno de Salvador Allende y el bombardeo al palacio de la moneda; y el proceso guerrillero que llevó al derrocamiento de Batista.

En Venezuela se quiso hacer un golpe del tipo guerra de cuarta generación. Es decir, un golpe donde el protagonista fundamental era el cuarto poder: los medios de comunicación. Era un libreto bien montado para dar un golpe sin que pareciese que hubo golpe. Un libreto parecido al manejo mediático que se utilizó con el colapso de las Torres Gemelas y el atentado contra el Pentágono, planificado por los Estados Unidos para hacer atrocidades bélicas en el mundo, con la excusa de la defensa y guerra contra el terrorismo.

En todo caso, para muchos “golpe es golpe” y siempre es reprochable y según esto y por extensión, guerra es guerra y todos debemos estar en contra de ella. Qué curioso que, según Moisés, “Jehová es varón de guerra” y que por tanto la guerra puede tener un carácter divino. El mismo Jehová se encargó de hundir en el mar rojo al poderoso ejercito egipcio. Por otro lado, ¿cómo queda nuestro bolivarianismo y nuestra condición de venezolanos cuando no ponderamos con orgullo aquella gesta histórica que nos hizo nación independiente del yugo del imperio español? ¿A quién bautizaría la historia como El Libertador?

De manera que sí hay guerras buenas y guerras malas. Los criterios para juzgarlas tienen, por supuesto, un pesado componente sujetivo. Sin embargo puede haber consenso en que son repudiables las acciones bélicas hechas con abuso de poder o sin respetar ciertas restricciones que pueden calificarse como crímenes de guerra. En este sentido, el planeta tierra debe reclamarle al imperio norteamericano la condición de protagonista de los más atroces crímenes de guerra y abusos contra países chicos. Dentro de esos crímenes, no sólo hay que reclamar el uso reiterado y miserable de la bomba atómica, sino el uso reciente de gases tóxicos y el uso de drogas para “alentar” a sus tropas.

Otros crímenes de guerra están asociados a aquel 11 de septiembre (no me refiero al brutal ataque a La Moneda) y a aquel 11 de abril. En ambos casos, personas completamente inocentes fueron sacrificadas para montar un engaño. Allá se hizo creer que el terrorismo tenía tanto poder que podía acabar con símbolos económicos y políticos del país más poderoso del mundo, mientras acababan con la vida de más de 3000 personas. Acá se nos hizo creer que la “demencia del Presidente de la República y sus seguidores” habían actuado para asesinar a su propio pueblo. La realidad es que estos genocidios, al quedar al descubierto, dejan clara la condición de acciones bélicas repudiables de sus protagonistas. En ambos casos, el protagonista fundamental es el imperio norteamericano, y en el caso de Venezuela, tienen papel importante un grupo de lacayos del mismo.

Mi condición de bolivariano tiene asociada una natural condición revolucionario y anti-imperialista. Es natural que aplauda las luchas contra el imperio y que cuestione las acciones protagonizadas por los poderosos del norte. La guerra, con todas sus variantes, así como cualquier forma de violencia, puede tener su momento y lugar. Son lugares comunes de los que promueven el status quo declarar que “la violencia es el arma de los que no tienen razón” y que sin embargo justifican el accionar del amo poderoso sentenciando: “la violencia genera violencia.” También es muy común que los críticos concluyan que ésta o aquella guerra pudo haberse evitado y que “no eran necesarias”. Lamentablemente el mundo tiene tantas contradicciones que es difícil alcanzar aquel ideal de Jhon Lennon que nos invitaba a imaginar un mundo “sin nada porque vivir o morir”. Lamentablemente, nuevas guerras de distintas características se desarrollarán en este convulsionado planeta con el fin de fortalecer o debilitar los dominios del imperio. Afortunadamente, el gigante se está debilitando y la historia está encontrando nuevos David.


Abril de 2009.

No hay comentarios: